¿Por qué Sánchez se ha tomado un período sabático?

¿Estrategia política o señal de los tiempos?

Las opiniones sobre Pedro Sánchez son muy diversas. Para unos, es un excelente estratega que siempre ve más allá que los demás. Para otros, una persona con mucha suerte, pues en su carrera política siempre ha tenido adversarios de escasa entidad (Susana DíazPablo Casado o Alberto Núñez Feijóo). No obstante, todos coinciden en que estamos ante un político diferente, dispuesto a arriesgarse más que casi cualquier otro por lograr o mantener el poder.

Para mí, es un gran táctico que entiende perfectamente las principales claves de la política del siglo XXI, especialmente la de la actual y última década. En ambos períodos, el secreto del éxito ha sido emocionar a la población, en lugar de convencerla con un magnífico programa electoral. La credibilidad es una virtud del pasado, escasamente valorada por los ciudadanos. El “puedo prometer y prometo” de Adolfo Suárez es una antigualla.

Debido a los anteriores motivos, Boris Johnson arrasó en las elecciones generales del Reino Unido de 2019, Puigdemont fue la opción independentista más votada en los comicios catalanes de 2017, después de fugarse a Bruselas en el maletero de un coche, y en la actualidad Trump supera a Biden en la mayoría de encuestas como el presidente preferido de los estadounidenses, a pesar de que el primero está acusado de múltiples delitos.

Una muestra de la política de emociones practicada por Pedro Sánchez la constituye la adopción de un período sabático de cinco días durante la pasada semana. Un hecho inédito entre los primeros ministros de cualquier país desarrollado, después de la finalización de la segunda guerra mundial. Unos días en los que la figura del presidente del Gobierno ha centrado por completo la atención de los españoles y logrado una gran resonancia en los principales medios de comunicación internacionales.

La continuidad de Pedro Sánchez al frente del Gobierno me permite obtener tres conclusiones. La primera proviene del mundo de la empresa. En dicho ámbito, quien quiere abandonar una compañía, lo hace al instante. Si tiene pensado irse a otra, se lo calla, hasta que consigue una oferta firme.

Si lo dice, sin tener una alternativa pactada, es porque pretende continuar en ella. Con su amenaza, la mayoría de las veces busca mejorar su posición en la empresa. No obstante, en algunas solo pretende que su jefe valore más lo que hace (le dé cariño). En bastantes ocasiones, al que actúa así le sale el tiro por la culata.

La segunda supone la reinvención del personaje. El político de hielo, cuya resistencia y perseverancia es casi inhumana, tiene en realidad un gran corazón. Está dispuesto a dejarlo todo por su mujer, pues principalmente es un hombre enamorado de su esposa. Por primera vez desde el regreso de la democracia, el futuro de España estaba en manos de la primera dama. Una muestra de su feminismo y su principal prioridad: la familia.

La tercera desmiente que el presidente del Gobierno estuviera pasando un mal momento. Algunos analistas, sin ninguna titulación médica ni conocimiento íntimo de la persona, aseguraban que Pedro Sánchez sufría una depresión. En el discurso del lunes, donde pronunció el célebre “yo sigo”, no dio ninguna muestra de ello. Por el contrario, demostró que estaba en plena forma y tenía fuerzas de sobra para hacer frente a sus adversarios.

Desde mi perspectiva, su retiro durante cinco días constituye una táctica más del presidente de Gobierno. No obstante, mucho más sorprendente que las habituales. Los motivos principales para ponerla en práctica intuyo que son los siguientes:

1) su conversión en una víctima del sistema político. Para el líder del Ejecutivo, la persecución de la oposición y de una parte de los medios de comunicación ha traspasado cualquier límite. No solo le atacan a él, sino que ponen en duda la honestidad de su esposa y le generan un gran problema familiar. En otras palabras, la culpa del lodazal en que se ha convertido la política española no la tienen ni él ni el PSOE, sino la oposición.

No es la primera vez que Pedro Sánchez aparece como una víctima del sistema político. Un idéntico papel lo adoptó después de ser defenestrado como secretario general del PSOE en el Comité Federal de octubre de 2016. Las consecuencias no pudieron ser más fructíferas para sus intereses, pues ocho meses después arrasó en las primarias que escogieron al nuevo líder del partido. Venció en todas las autonomías, con la excepción de Andalucía y País Vasco.

2) la preparación de una nueva campaña electoral. Si los sondeos aciertan, Salvador Illa ganará las elecciones autonómicas catalanas y Puigdemont quedará segundo. Además, el PSC podrá formar Gobierno con Esquerra y los comunes y disfrutar de una mayoría parlamentaria estable. Si así sucede, Junts per Catalunya convertirá en imposible la gobernabilidad de España, provocará la dimisión del Gobierno y la convocatoria de elecciones generales.

Los nuevos comicios pretenderá centrarlos Pedro Sánchez en su persona. En otras palabras, le interesará que sean un referéndum camuflado sobre su continuidad o no al frente del Gobierno. La campaña electoral le gustaría que supusiera la confrontación entre la Nueva España (la plurinacional) y la Vieja (los herederos del franquismo). Su principal objetivo sería atraer al PSOE los antiguos votantes de Sumar y Podemos y de los partidos nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, especialmente los de izquierdas.

3) la verificación de su fortaleza en el PSOE. El amago de dimisión también tenía como objetivo observar el respaldo de los líderes, cargos políticos y militantes del partido. A través de ella, conseguiría averiguar su verdadero grado de control del partido, indagar si alguien se ofrecía para sustituirlo y posteriormente depurar a todos los que no le han mostrado la fidelidad exigida por él.

En los cinco días del período sabático, numerosos cargos se jugaban su futuro político. Las intervenciones en el Comité Federal, las declaraciones en los medios de comunicación e incluso los movimientos internos de numerosos militantes cualificados fueron sometidos a detallada observación. Para disipar cualquier duda sobre su continuidad al frente del partido, tanto a corto como a medio plazo, un día después de su retorno declaró en la SER que estaba dispuesto a ser el candidato del PSOE a presidente del Gobierno en las próximas elecciones.

4) la preparación de una trampa al PP. Pedro Sánchez es consciente de que, en una elección entre derecha e izquierda, la postrera opción tiene muchas posibilidades de resultar ganadora. En primer lugar, porque en las encuestas los ciudadanos se declaran más partidarios de la última que de la inicial alternativa. En segundo, debido al respaldo que el PSOE obtendría en el Congreso de los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos.

Para conseguir su objetivo, el presidente del Gobierno necesita que el PP adopte una posición más radical, se desplace en mayor medida hacia la derecha y abandone por completo el centro. Si así sucediera, los votantes centristas se convertirían en huérfanos y el voto de una sustancial parte de ellos seguiría yendo al PSOE, aunque sus actuales propuestas disten mucho de las que defendía en la etapa en que lo dirigía Felipe González. Un período donde los socialistas consiguieron la confianza de un gran número de electores centristas.

Creo que Alberto Núñez Feijóo picará el anzuelo y caerá en la trampa, pues tanto táctica como ideológicamente es un prisionero del PP de Madrid. Evitará cualquier pacto con el presidente del Gobierno, llevará a las calles la oposición a él y seguirá defendiendo una economía que beneficia principalmente a los que más renta y riqueza poseen. Un liberalismo social y una actitud más dialogante, aunque solo sea de cara a la galería, sería la manera de evitar la emboscada tendida.

5) el control del Consejo General del Poder Judicial. Para el presidente del Gobierno, la oposición más dura y temible no es la del PP, sino la efectuada por la judicatura. Los jueces pueden hacer fracasar la amnistía ofrecida a Carles Puigdemont y dificultarle el cumplimiento de algunas de las múltiples promesas realizadas a los partidos nacionalistas vascos y catalanes. Para reducir los riesgos incurridos, le es imprescindible controlar el Consejo General del Poder Judicial, al ser este el órgano de gobierno de los magistrados.

La investigación por parte de un juez de algunas actividades profesionales de su mujer, junto a la invención de haber sufrido él lawfare, constituirán los nuevos argumentos para cambiar el sistema de elección del Consejo. En la actualidad, para conseguir su renovación, la propuesta presentada debe ser aprobada por mayoría cualificada. Por tanto, necesita el PSOE consensuar con el PP los nuevos nombres que lo compondrán.

En un próximo futuro, basándose en unos supuestos ataques a su persona y mujer, dicha mayoría se convertirá en simple. De esta manera, evitará pagar cualquier peaje al principal partido de la oposición. Dudo mucho que el presidente de Gobierno haga caso a Bruselas y se abstenga de cambiar el sistema de elección de dicho Consejo.

En definitiva, para bien y para mal, Pedro Sánchez es un político del siglo XXI que se enfrenta a rivales que aún están en la pasada centuria. Por eso, es él quien lleva la iniciativa y la oposición chupa rueda. Ha entendido perfectamente lo que espera de la política una parte cada vez más amplia de la población: más emociones y menos tecnocracia.

También ha comprendido cómo las redes sociales afectan a los ciudadanos y los partidos políticos. A los primeros los llevan a posiciones extremas, a los segundos los convierten en algo parecido a un club de fútbol. Los seguidores se convierten en fans que están siempre de acuerdo con lo que diga y haga su líder político, aunque lo efectuado sea exactamente lo contrario de lo prometido.

Por eso, las líneas rojas se convierten en verdes y la penalización de los votantes por traspasar algunas de las más grandes puede ser escasa, si con dicha actuación el FC Barcelona de la política (la izquierda) tiene más posibilidades de derrotar al Real Madrid (la derecha). No obstante, en la vida todo tiene un límite y la pregunta del millón de dólares es: ¿lo ha sobrepasado ya Pedro Sánchez? Los electores pronto dictarán sentencia.

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